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De diez en diez, la “Torre Rosa” y la “Escalera Café”
Entre los materiales sensoriales Montessori que más gustan a los niños están La Torre Rosa y La Escalera Café. No hay ambiente en el que no sean trabajados por lo menos una vez al día por alguno de los pequeños. A simple vista, pareciera un material de cubos de construcción, sin embargo, encierra misterios matemáticos y de lenguaje que van más allá de los simples bloques de construcción de madera con los que juegan los niños pequeños.
El cubo más grande de la torre rosa mide 10x10x10 cm, ¡bastante grande y muy pesado para una manita de tres años! Contrastando, el más pequeño mide 1x1x1 cm. El prisma de la escalera marrón más grueso mide 20x10x10 cm y el más delgado 20x1x1 cm. Comenzando desde el punto visual, el niño encuentra los contrastes, una vez que toma en sus manos los materiales, se percata de la diferencia de peso.
A partir de estos materiales, el niño desarrolla varias habilidades y sentidos, es capaz no sólo de reconocer sino de notar, comparar y por lo tanto razonar las diferentes medidas y pesos.
Al discriminar los tamaños, está desarrollando el sentido de la vista, va del más grande al más pequeño. La coordinación ojo-mano se desarrolla la tener que formar la torre con precisión, la coordinación gruesa se ve fortalecida al tener que transportar las barras y cubos de un lugar a otro en el ambiente. Todo esto, en medio del silencio y orden, lo que desarrolla la capacidad de trabajar concentrados.
También el lenguaje se beneficia con este ejercicio, ya que el niño aprende las palabras para describir, comparar y discriminar dimensiones y pesos. Grande, pequeño, pesado, ligero, grueso, delgado. Dos manos para transportar “el más grande”, mucha fuerza para transportar “el más pesado” ¡la pinza de sus dedos para colocar “el cubo más pequeño”!
Si analizamos más profundamente, existe un desarrollo indirecto de la mente matemática que se prepara para el sistema decimal y la geometría. Diez cubos y diez barras. Sus medidas van disminuyendo de diez a uno. El control del error del material es maravilloso pues el niño logra notar cuando no ha seguido la secuencia de tamaños y la comparación de dimensiones entre cubos y barras cuyas caras “caben” perfectamente.
Los materiales de desarrollo Montessori encierran tesoros que el niño descubre con amor ¡todos los días!
Cómo enseñarle a tu hijo a tomar control de su ira
A lo largo de estos años de convivencia con niños de diferente personalidades y temperamentos, he podido observar la evolución y desarrollo de sus evoluciones y la transformación de modelos negativos de comportamiento a conductas que les ayudan a tener una convivencia más cordial con sus compañeros. Todo como parte del proceso natural del desarrollo humano. Uno de los principales factores que desencadena conflictos es la frustración que se convierte en enojo.
Pensaba en eso mientras me dirigía a recoger a mi querido adolescente a la secundaria y lo primero que me dijo al entrar en el auto fue: “Mamá, tengo una gran vida”. Eso me hizo reflexionar aún más sobre las suituaciones que me tocan vivir con los más pequeños y me hizo recordar sus momentos de ira y frustración y la manera en la que la manifestación de sus sentimientos ha ido cambiando. No es que no tenga momentos de enojo ¡es un adolescente! Pero su percepción ante las situaciones de conflicto es cada vez más inteligente: está madurando.
Todos vivimos el reto de combatir nuestro enojo todos los días, en todo momento, desde que despertamos hasta que nos dormimos. El ser humano debe estar consciente de sus actos precisamente porque tiene que luchar contra el enojo, aceptar situaciones que no le gustan y tratar de adaptarse a las circunstancias y encontrar soluciones que le lleve a un punto “estable”.
Sí, admitámoslo, así es: las situaciones de enojo e ira son comunes y completamente normales y naturales en los seres humanos, y por supuesto entre los niños. Ellos están aprendiendo a manejar sus sentimientos, a controlar sus emociones, a conocer sus instintos y poco a poco tomar consciencia de sus actos. Es lo que María Montessori llama “normalización”. El niño, en la construcción del Hombre está siendo en su hacer, está construyendo su personalidad.
Es por eso que nosotros, como adultos guardianes, guías de su desarrollo, debemos estar muy pendientes de las manifestaciones que tienen los pequeños para poder preparar situaciones que les ayuden a encontrar respuestas positivas, a confrontarse y encontrarse, pues es precisamente lo que están tratando de hacer: entenderse a sí mismos para poder manifestarse.
¿Qué es el enojo? Pues tan simple como complejo: una emoción que con frecuencia se hace presente en nuestro diario vivir. Es una emoción básica que sentimos todos. Es normal y suele ser saludable. Sin embargo, cuando se pierde el control, el enojo se torna destructivo. A los niños puede traerles problemas con su familia, sus compañeros y su rendimiento escolar; pero sobre todo, genera un sentimiento de culpa y falta de aceptación y amor hacia él mismo. Un niño que no sabe cómo manejar sus momentos de ira se convierte en un niño triste, un niño de conducta negativa y será, con el tiempo, un adulto con profundos problemas sociales y conflictos internos. Al igual que sucede con otras emociones, el enojo suele ocasionar alteraciones fisiológicas. Basta poner la mano en la muñeca de un niño enojado para notar que su frecuencia cardíaca y la presión arterial han aumentado. Su cara se enrojece y sus ojos se abren por un instinto de alerta.
El enojo puede deberse tanto a hechos internos como externos. Si un trabajo le ha salido mal, es un impulso interno, se siente enojado consigo mismo. Si se siente agredido por algún compañero, entonces el enojo proviene de un hecho externo. Por instinto, el enojo se manifiesta y expresa a través de la agresión. Es en este punto en el que se debe trabajar para transformar el instinto en reflexión.
La reflexión es simple: la violencia acarrea problemas sociales, dificultades con la familia, intolerancia de los compañeros, problemas con la justicia y un daño físico y emocional. Pero eso no lo entienden los niños, entonces, ahí estamos los adultos responsables para ayudarles a conocer cómo controlar su ira de manera saludable.
El enojo se manifiesta de diferentes formas según las edades. En la primera infancia, los niños comienzan a adquirir la capacidad de reprimir los impulsos de agresión física. Es muy común ver que los infantes empujan golpean, pellizcan, y hasta muerden a sus compañeros. También es muy frecuente que se griten unos a otros cuando se enfadan, como si fueran animalitos.
Conforme van creciendo, las manifestaciones van cambiando. Los niños en edad preescolar son capaces de identificar los estados emocionales básicos a través del uso del lenguaje: estoy enojado, estoy feliz, estoy triste. Sin embargo, recurren a conductas violentas pues están aprendiendo a manejar el lenguaje y a usarlo en lugar de la violencia física: arrojar un juguete, jalar a un compañero o incluso golpear a sus padres.
Hablar con los niños les da la posibilidad de entender situaciones y comprender la relación de éstas con los sentimientos que se generan en su interior. El diálogo y la reflexión les dan habilidades lingüísticas que desarrollan la empatía.
Promover el diálogo es, por lo tanto, la herramienta más importante que debemos dar a los niños para solucionar sus problemas. Eso será de gran ayuda para la construcción de una personalidad afianzada en la inteligencia emocional que les empodera para modular y moderar sus emociones y sentimientos. Pensemos que en la adolescencia los niños enfrentarán situaciones en las que los cambios hormonales jugarán un papel muy importante y los agentes agresores externos serán mucho mayores; las exigencias sociales causarán presiones que les llevarán a niveles de enojo e ira mucho más difíciles de controlar y, contrario a lo que sucede con los niños, las oportunidades de apertura al diálogo con el adulto serán cada vez menores, por no decir nulas.
Lo que se sembró en la personalidad del niño durante los primeros años de vida, dará fruto en esos años en los que no estará dispuesto a recibir la ayuda de los adultos. Serán esas herramientas que recibió de niño las que le ayudarán a desarrollar y hacer uso de la inteligencia emocional.
Pero, admitámoslo. No todos los niños son iguales. Definitivamente, existen seres humanos con una actividad emocional mucho más compleja. Si a eso le agregamos las circunstancias de vida en que se desarrollan esas criaturas (estrés y mal caracter por parte de los padres, conflictos familiares, exposición a películas, programas relevisivos y videojuegos violentos, largos períodos de soledad en casa, etc.) Es entonces que necesitamos la ayuda de un profesional.
Si bien es cierto que la mayoría de los niños aprenden a controlar su enojo y adquieren habilidades afectivas para manejar la ira, algunos pequeños tienen dificultades para aprender a calmarse cuando su molestia se va transformando en disgusto hasta llegar a la furia. Es entonces que un profesional en salud mental-emocional debe intervenir para evitar que el pequeño pueda lastimarse o lastimar a otros física y emocionalmente. Sólo un profesional puede evaluar las causas y los factores subyacentes que activan enojo y frustración, cuando van más allá de lo que se puede ver.
Debemos dar un ejemplo del manejo consciente y reflexivo del enojo. Somos nosotros, con nuestras conductas, quienes mostramos, movimiento tras movimiento, la forma en la que el niño se debería comportar en las diferentes circunstancias que se presentan a diario. Somos nosotros quienes damos el ejemplo de “autoregulación” de las emociones. Nuestro rostro dice mucho más que nuestras palabras. Sonreír y manifestar alegría pero también reconocer nuestras tristezas y aceptar nuestros momentos de molestia, manifestando nuestra necesidad de privacidad, soledad y silencio.
- En el momento de tensión… Siete puntos a observar:
I.Respira profundamente e invita al niño a seguir tu rimo. Pausado, controlado, sintiendo la libertad de aire que entra y sale del cuerpo. Entra tranquilidad, sale la ira. Puedes ponerle colores al viento: “Respiramos aire azul, tranquilo como el cielo de la mañana. Ahora dejamos salir el aire gris como el de las nubes de tormenta.” - Infórmate de lo sucedido. Estar tan molesto por el hecho de enfrentar un problema que no conoces no te ayudará a encontrar la solución. Si el niño siente impotencia ante el aislamiento psicológico que le causa enfrentar al adulto, su ira aumentará en lugar de disminuir. Pregúntale qué pasó luego de tranquilizarlo (no mientras está en el climax de su enojo) y qué fue aquello que lo hizo estar molesto. Ayúdalo a identificar y etiquetar las emociones que siente y las que sienten quienes hayan estado involucrados en el problema. Mantener un diálogo constante, amistoso y cotidiano te ayudará a conocer el entorno en el que se desenvuelve tu hijo, visto desde sus propios ojos.
- Ayúdalo a canalizar la energía que genera la ira. Correr, darse un momento de soledad, aislarse para poder gritar, son formas de transformar la ira en acción y después el cansancio en reflexión. Se vale llorar. Las lágrimas limpian el corazón. Proporciónale espacios y tiempos adecuados para realizar deportes y actividades físicas que muevan toda la energía que tiene.
- Utilizar las palabras para manifestar el enojo lo libera. En lugar de golpear al compañero, enséñalo a confrontarlo por medio del diálogo para defender sus derechos sin agredir.
- No existe la perfección. En este mundo nadie es perfecto, todos estamos aquí para buscar ser mejores personas, por eso aceptamos nuestros errores y trabajamos todo el tiempo para no volver a cometerlos. Si nos equivocamos, aceptamos y corregimos, sin avergonzarnos, pues todos estamos en este mundo para aprender.
- Reglas son reglas. Los límites no se rompen. Si eres consistente y persistente, tu hijo se verá favorecido pues todo será predecible, sabrá cómo actuar ante situaciones que ya se han presentado y podrá prever las consecuencias. Las cosas no son como él desea que sean, las cosas son como deben ser.
- Empatía. Sí. Gran palabra. Muéstrale que también tú has tenido momentos de ira. Hazle sentir que sabes lo que está pasando por su mente y su corazón. Platica con él sobre la forma en la que has logrado salir de esos problemas. Abre tu corazón para que aprenda del ejemplo de amor que puedes ofrecerle.
Ámate y obsérvate constantemente. Eres el ejemplo viviente para la creatura que crece a tu lado. Todos los días nos enfrentamos ante situaciones de conflicto. Seamos ejemplos vivientes de inteligencia emocional.
Paz, ¿un estilo de vida pasado de moda?
La sociedad moderna se caracteriza por sus grandes avances tecnológicos, por la globalización del comercio, por la rapidez de las comunicaciones, pero sobre todo por la apertura y aceptación de los cambios de pensamiento que se alejan de aquello que era considerado tabú, moralidad y buenos modales.
Vivimos en una época en la que, si no se habla con palabras antisonantes, se está fuera de la onda, si no se usa la ropa que resalta el cuerpo construido en gimnasios y clínicas estéticas no se está a la moda, si no se poseen los objetos marcados con las firmas más caras, no se tiene un lugar respetable en la sociedad. Todo esto genera envidia, codicia, rencor, exalta el egoísmo y promueve la lucha de poderes. Soy más que tú porque tengo más que tú; soy mejor que tú porque luzco mejor que tú. Y lo aceptamos y entramos en el círculo. Todos. Sin darnos cuenta, todos los días le damos fuerza a este movimiento que nos aleja cada vez más de la esencia de la Paz.
En nuestro vocabulario cotidiano no utilizamos las palabras “concordia”, “camaradería”, “avenencia”, “aquiescencia”, “placidez”, “moderación”, “sosiego”… tantas otras.
Recuerdo que mi abuela me decía “Ven, estate sosiega”, y nos quedábamos en silencio. Y me sentía muy feliz.
La moda, a lo que la sociedad moderna nos convoca todos los días, es completamente opuesta a lo que es “estar en paz”. Los juegos, las películas, los libros, las noticias, las pláticas, las imágenes que se nos presentan, así, sin buscarlas siquiera, nos llevan a un estado de constante estrés, de desasosiego, de debilidad espiritual. Debemos ser concientes de esto y regresar a los orígenes, a las raíces que nos dan fortaleza, que sacan lo mejor de cada uno de nosotros. Tomemos la decisión y actuemos para alcanzar la paz.
Es fácil: Decir la verdad, compartir nuestro tiempo, dedicar espacio para escuchar a nuestros hijos, tomarnos un momento para hablar con los amigos, saludar al vecino, sonreir al desconocido que se cruza en nuestro camino, dar el paso al auto que necesita girar delante de nosotros, frenar para que cruce el peatón que espera en la avenida, pedir por favor los servicios y agradecer a quien nos los ofrece. No es difícil. Tomemos la decisión y actuemos para alcanzar la paz generando paz. Todos los días, en todo momento.
Y bueno, para cerrar con un párrafo de nuestra amada María Montessori, que buscó siempre la forma de inculcar, de mostrar y demostrar a los niños el amor por la paz a través del trabajo diario en una sociedad de concordia y camaradería, leamos este fragmento de “Educación y Paz” que dice:
“A los seres humanos se les educa inculcándoles que son individuos aislados y que deben satisfacer sus necesidades inmediatas compitiendo con otros individuos. Se requeriría una poderosa campaña de organización para que el hombre entienda y estructure los fenómenos sociales para que proponga y persiga fines colectivos, y así generar un progreso social ordenado”.
Seamos una comunidad “pasada de moda”, aprendamos a vivir los valores que nos llevan a estar sosiegos, a vivir con moderación y sonreir a nuestros semejantes. Construyamos una comunidad de paz. Dejémonos guiar por la cordura y buen sentido naturales de nuestros hijos.
De un granito de arena a una montaña
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Responsabilidades que liberan
“El niño pequeño es el creador de la mente del adulto. Esta creación deberá ser estudiada en la secuencia de sus fenómenos. Debemos saber la psicología del niño pequeño si queremos ayudar a la vida. Debemos estudiar su profunda y misteriosa sicología, observar la línea de su desarrollo y encontrar qué ayuda debemos dar en el momento preciso.
Ahora sabemos que debemos utilizar estas energías ocultas y para hacer eso debemos primero conocerlas. Debemos hacer un plan de desarrollo con la guía que el niño nos da a través de los poderes que él nos va revelando mientras lo observamos. No debemos proceder con nuestras propias ideas o con nuestros prejuicios, no mediante un método preconcebido, sino observando
al niño. La personalidad del niño se encuentra con altivez a la mitad del gran problema de la educación. Él es el único maestro existente en este plan. Este niño que se nos presenta con sus maravillosas energías ocultas, es quien deberá dirigir nuestros esfuerzos. Cuando decimos que el niño es nuestro maestro nos referimos a que sus revelaciones son las que debemos tomar en cuenta como nuestra guía. Si usted no entiende esto, no tiene sentido. Nuestro punto de inicio deberá ser la revelación de estas características del individuo humano. Yo digo que debemos tomar al niño como nuestro maestro. Probablemente ustedes objetarán diciendo que debemos educar al niño, que debemos darle esta o aquella información, que él deberá aprender esto y aquello. Pero, yo les digo que no tengan estos prejuicios, porque cuando sus energías son liberadas, el niño es más capaz de aprender que antes. Entonces, yo digo que este es el Método del Niño, no el Método Montessori.”
Leer estas palabras de María Montessori tomadas de una de sus conferencias dictadas en 1946, pueden hacer sentir una gran liberación, al mismo tiempo que una gran responsabiidad.
La responsabiidad que tenemos como adultos está basada principalmente en preparar un ambiente que le sea propicio al niño para poder desarrollarse íntegramente. La educación basada en la libertad de elección que el niño ejerce al hacer lo que sus necesidades interiores le piden, nos obliga forzosamente a mostrarle un mundo que satisfaga y responda a todas las preguntas que se generan a través de las simples vivencias de lo cotidiano.
Preparar un ambiente positivo nos libera, definitivamente, nos libera, pues el niño aprenderá a ser responsable de sus actos y aceptará las consecuencias de sus errores que serán maravillosas oportunidades de aprendizaje.
Por el contrario, un ambiente que no satisfaga las necesidades del niño, ayudará a construir adultos tiranos que nos mantendrán dolorosamente esclavizados a sus caprichos.
Primer día de clases
El primer día es siempre maravilloso, tiene una mezcla de emoción, de expectativa, de grandes deseos de saber tantas cosas. Los niños siempre tienen deseos de saber, pero el primer día, llegan con los ojos más brillantes, más abiertos, con la sonrisa más franca y la emoción del reencuentro… o el miedo del encuentro, de descubrir qué es, con quiénes, cómo, dónde. ¡Qué emoción!
Los niños comienzan poco a poco a reencontrar sus materiales, a trabajar con ellos y, de repente, todo se vuelve armonía, los niños nuevos se sienten invitados a hacer lo mismo, las guías comienzan su labor de observación y trabajo según las necesidades de cada uno de los pequeños. La vida en un ambiente Montessori está llena de movimiento con sentido, todo con un propósito específico.
Ante tal libertad de movimiento, me viene a la mente un párrafo de Raniero Regni:
“La humanidad continuará a estar constituida por mucha gente que habla de libertad pero por pocos hombres libres. Si el fin de la educación es la liberación como reconstrucción, el medio no puede ser diferente del resultado. La libertad no es la verdadera finalidad de la educación, sino la creación de niños que serán adultos menos infelices capaces de cambiar el mundo. La finalidad es cósmica, la libertad es el medio para llegar a obtener ese resultado.”
Gracias a los padres de familia que nos confían lo más valioso para ellos: sus hijos.
Un nuevo ciclo escolar. ¡Bienvenidos!
María Montessori decía que no podemos saber las consecuencias de la supresión de la espontaneidad de un niño cuando está empezando a estar activo. Podemos incluso asfixiar la vida misma. Que la humanidad que se revela en todo su esplendor intelectual en la era dulce y tierna de la infancia debe ser respetada con una especie de veneración religiosa. Es como el sol que aparece al amanecer o una flor apenas comienza a florecer. La educación no puede ser eficaz si no ayuda a un niño a abrirse a sí mismo a la vida.
Un ciclo escolar más en Otoch Paal con nuestros corazones listos para dar un ambiente preparado a nuestros niños.
¡Bienvenidos a la aventura de aprender en este ciclo 2013-2014!
Normalización. El secreto de la infancia
Navegando por la red, encontré esta conferencia ofrecida por la Dra. Rita Sheafer Zener en el 2006 . Comparto con ustedes la traducción. La original en inglés la pueden leer en la sección reservada para publicaciones en ese idioma.
Normalización y desviaciones
Conferencia impartida por la Dra. Rita Shaefer Zener, en campo de AMI 3-6
Nakhon Pathon, Tailandia, abril de 2006
La introducción del concepto de normalización
Al principio de su carrera educativa en San Lorenzo, Roma, la Dra. Montessori fue muchas veces motivada por lo que observó que los niños hacían. Se preguntó si sus logros fueron “la obra de los ángeles”. Ella decía a sí misma:
“No lo puedo creer esta vez. Voy a esperar hasta la próxima vez para poder creer.” (El secreto de la Infancia).
Después de 40 años de trabajo, difundiendo su pedagogía científica alrededor del mundo, la Dra. Montessori estaba dispuesto a decir que:
“La normalización es el resultado más importante de nuestro trabajo. “ (La Mente Absorbente)
Ella había perdido todas sus trabajos: la medicina, la antropología, la psicología, e incluso posiciones de prestigio para dar conferencias en las universidades con el fin de concentrarse en llevar este mensaje a los pueblos del mundo.
El mensaje es que hay mucho más en la infancia de lo que se reconoce actualmente. Vio al niño normalizado como un nuevo nivel de la humanidad. Los niños de todo el mundo y en todos los niveles socioeconómicos han exhibido este nuevo nivel de la humanidad. Los niños normalizados posee un carácter único y la personalidad no se reconoce en los niños pequeños.
La normalización es un término técnico tomado del campo de la antropología. Esto significa llegar a ser un miembro útil de la sociedad. La Dra. Montessori utilizó el término normalización de distinguir uno de los procesos que ella vio en su trabajo con los niños de San Lorenzo en Roma. Este proceso, el proceso de normalización, se produce cuando el desarrollo se está llevando a cabo normalmente. Ella usó la palabra normalización para que la gente pudiera pensar que estas cualidades pertenecen a todos los niños y no eran algo especial sólo para unos pocos.
¿Cuándo aparece la normalización?
La normalización aparece a través de la repetición de un ciclo de tres pasos. La construcción del carácter y la formación de la personalidad. Lo que llamamos normalización se producen cuando los niños siguen este ciclo de trabajo.
- Preparación para una actividad que consiste en reunir el material necesario para realizar la actividad. El movimiento y el pensamiento involucrado en la preparación sirve para llamar la atención de la mente para comenzar a centrarse en la actividad.
- Una actividad que absorbe el niño que llega a un nivel profundo de concentración. Este paso es lo que todo educador y los padres reconocen como importantes para la educación.
- El descanso, el cual se caracteriza por una sensación general de satisfacción y bienestar. Se cree que en este punto una cierta formación interna o la integración de la persona se lleva a cabo.
En nuestros grupos Montessori, vemos este tercer paso como el tiempo que el niño está guardando los materiales, tal vez hablar con los amigos, y exhibe un aura de satisfacción consigo mismo y con el mundo. Somos conscientes de este ciclo como el ciclo normal de trabajo en un ambiente Montessori.
Una filosofía de Normalización
La Dra. Montessori explicó el proceso de normalización filosófica, así como en la práctica. Pidió prestado el término, horme, de Sir Percy Nun, un filósofo Inglés. Horme refiere a la energía de fuerza vital. Se puede comparar con el élan vital de Bergson o la libido de Freud, o incluso al término religiosos: el Espíritu Santo.
Horme es simplemente energía para la vida. Se debe estimular y activar al individuo porque esa es su naturaleza. Cuando el niño está rodeado de un montón de medios adecuados (trabajo de desarrollo) para el uso de esta energía, entonces su desarrollo procede normalmente.
Características de Normalización
Hay muchos tipos de personalidad. Sin embargo, cuando los niños entran en el proceso de normalización hay ciertas características que aparecen en todos ellos.
Hay cuatro características que son una señal de que el proceso de normalización está ocurriendo:
- Amor de trabajo
- Concentración
- La autodisciplina
- La sociabilidad.
“Las cuatro características deben estar presentes para que podamos decir que un tipo normalizado común para el conjunto de la humanidad es que aparecen-por breve que sea la aparición de las características. El proceso suele ser invisible para nosotros, porque el proceso de normalización está oculto por las características no adecuadas para el niño. “ (La Mente Absorbente)
Amor al trabajo.
“La primera característica del proceso de normalización es el amor al trabajo. Amor al trabajo incluye la posibilidad de elegir libremente el trabajo, encontrar la serenidad y la alegría en el trabajo.” (La Mente Absorbente
En el otoño me gusta observar a los niños nuevos de tres años de edad que han comenzado en el mes de septiembre. Algunos de ellos tienen seis semanas más o menos en el grupo y tienen sus pequeñas rutinas del trabajo, rutinas que les gustan. Algunos todavía no tienen ni idea acerca de “su trabajo”. Adultos bondadosos y con experiencia los guían a diversas actividades. Algunas de las actividades evocan concentración, pero la mayoría de ellos no lo hacen. Por lo general, hasta que el niño ha aprendido a hacer varias actividades ordenadas, es cuando el elemento que falta, la elección por deseo propio, entrará en la vida del niño.
Concentración
La segunda característica del proceso de normalización es la concentración. La concentración aparece en niños individuales dentro de un grupo. Uno a uno va mostrándose absortos en su trabajo, cada uno en una actividad diferente, libremente elegida.
“Para ayudar a este desarrollo, no es suficiente proporcionar objetos elegidos al azar, sino que nosotros [los maestros] organizamos un ambiente preparado en donde encuentran “interés progresista” (La Mente Absorbente).
Para lograr el reto, tenemos que seguir la frecuencia de los períodos continuos de intensa concentración, que dependerá del niño y del conocimiento de los profesores, así como de las actitudes acerca de la orientación del proceso de normalización.
Autodisciplina
La tercera característica del proceso de normalización es la auto-disciplina. La autodisciplina se refiere a los ciclos perseverantes que completan la actividad que ha comenzado libremente.
La Dra. Montessori dice: “Después de la concentración vendrá la perseverancia. . . Esto marca el comienzo de una nueva etapa en la formación del carácter. . . Es la capacidad de llevar a través de lo que él ha comenzado. Los niños en nuestras escuelas deben elegir libremente su trabajo. Este poder se muestra, sin lugar a dudas, diariamente durante años.” (La Mente Absorbente)
Sociabilidad
La cuarta característica del proceso de normalización es la sociabilidad. La sociabilidad se refiere a la paciencia para conseguir los materiales que uno quiere, el respeto por el trabajo de otros, la ayuda y la compasión por los demás y las armoniosas relaciones de trabajo entre los miembros del grupo.
Sólo hay un ejemplar de cada objeto, y si una pieza está en uso cuando otro niño lo quiere, el último -si se normaliza- esperará a que sea puesto en su lugar. Importantes cualidades sociales se derivan de esto. El niño llega a ver que tiene que respetar el trabajo de los demás, no porque alguien ha dicho que debe hacerlo, sino porque se trata de una realidad que se reúne en su experiencia diaria. (La Mente Absorbente).
La sociabilidad se refiere también a la respuesta de otras personas después de terminar un trabajo. Si el trabajo está bien, entonces las interacciones sociales tienen el tinte de la satisfacción emocional del trabajo.
Introducción de las desviaciones concepto
Al mismo tiempo que se Montessori distingue el proceso de normalización, se observa otro proceso que ella llamó desviaciones. Vio que el proceso de normalización y las desviaciones, se dan todo el tiempo. Es lo que los niños están involucrados.
Si no te gustan la palabra desviaciones, una opción es pensar en desviaciones como defensas. Todos estamos familiarizados con la idea de estar a la defensiva. Otra opción es pensar en una desviación como un desvío. En italiano como en español la palabra desviaciones se refiere a un desvío en el camino. Las desviaciones o desvíos en el resultado del desarrollo de los bloqueos en el proceso de desarrollo.
Me gusta pensar que la energía horme, o energía vital, se ejecuta a través de nosotros como un río de aguas cristalinas. Si la energía se ejecuta sin problemas, sin barreras y se mantiene dentro de sus riberas, vemos la normalización. Si este río, esta fuerza, se reprime y no deja fluir su cauce normal, buscará otras maneras de moverse.
La energía horme puede ser atrofiada por un tiempo debido a una pasividad artificial. Aunque de vez en cuando pudiera existir un estallido de energía, la emoción que viene con esa explosión pudiera causar turbulencia en la vida de la persona. Si la energía no manifiesta y se mantiene en sí misma la fuerza vital no podrá expresarse de modo apropiado en las diversas situaciones cotidianas.
Por otro lado, si los bancos del río no están bien definidos, el agua puede abarcar demasiado sobre el campo. Así es, la energía horme sin límites puede extenderse demasiado delgada y más grande también un área de la vida. Si el niño tiene orden insuficiente o faltan límites en su vida, entonces no hay fuerza vital suficiente para llevar a cabo gran cosa. El horme se disipa.
El Proceso de Desviaciones
Este proceso no es un gran drama. Es el drama de la vida cotidiatna. Cuando el horme no puede ir en el ciclo normal de tres pasos para la construcción de una persona, entonces se mueve en esos otros ciclos que llamamos desviaciones o desvíos. El niño se siente amenazado y reacciona para salvarse. Ella (la horme) tiene que defenderse.
Una desviación es una defensa creada cuando el desarrollo no puede proceder de una manera normal. Todos los niños tienen algunas desviaciones. Si no se enderezan, empeoran con el tiempo. La Dra. Montessori dice que los defectos en los adultos remontan a una falta de desarrollo en alguno de los primeros años de vida.
Hay muchos tipos de desviaciones
Dr. Montessori ha categorizado desviaciones de varias maneras. Es interesante ver cómo ella reafirma su presencia mientras que les da títulos diferentes. No es la superposición entre las distintas categorías. Sin embargo, el orden en que los coloca, da mucho qué pensar.
- Las desviaciones promovidas por adultos.- En el momento en que un niño tiene tres años, las desviaciones son tan comunes que muchas de ellas son fomentadas por los adultos y se piensa que es normal para los niños. Por ejemplo: algunos adultos encuentran en estas características, estados deseables de ser: el exceso de apego afectivo a las personas, la sumisión, el juego, la pereza, comer en exceso, y la inestabilidad de la atención. Por ahora la energía psíquica se separa de los movimientos del niño por falta de actividades útiles en el ambiente. Este tipo de adulto a menudo abandona al niño con sus juguetes, la televisión, o el ordenador. Es cierto que los juguetes estimulan la actividad, pero por lo general es como un flash y una vez utilizó el juguete ya no puede dar la misma atracción.
La inmadurez del niño en el mundo real y el exceso de energía psíquica sin usar se combinan para formar un mundo irreal donde el niño puede aliviar su aburrimiento e incomodidad. Se vuelve como el adulto, que no está contento a menos que esté siendo constantemente entretenido. Es muy fácil fomentar esta desviación con el montón de juguetes, con esto se le niega su papel como trabajador en la familia.
Para algunos niños la manera de sentirse seguro es quedarse con un adulto o un niño mayor. Es una forma de suplantar su impulso hacia la independencia, entonces se ve frustrado. Es como si no pudiera reconocerse como ser aparte de los otros, incluso después de la edad en la que debería. Esto también es una desviación fácil de fomentar cuando el afecto que se da es una cárcel en la que se evita el contacto con la vida del otro.
- Desviaciones no promovidas por adultos
Es probable que algunas desviaciones no sean fomentadas deliberadamente. Es probable que sean corregidas. Desorden, desobediencia y peleas son tan comunes como para que parezcan algo normal. El niño perezoso o el niño inhibido que exteriormente parecen hacer poco están construyendo una pared interior muy gruesa de defensa, para protegerse del mundo exterior. Todos somos conscientes de los adultos que tienen reacciones negativas frente a estos comportamientos.
Las desviaciones como fugas
En El secreto de la Infancia se habla de desviaciones como las fugas y las barreras. Una fuga es un refugio a tomar, a menudo, ocultándose como un sere real pero con energías ocultas detrás de una máscara. Estos son los niños que nunca están quietos, pero sus movimientos se dan sin un fin o propósito. Comienzan una acción, la dejan sin terminar y se apresuran a la siguiente. Ellos gustan los juguetes sólo para tirarlos. Están condicionados por la necesidad de ser entretenidos.
Las desviaciones como barreras
Una barrera es una inhibición que es suficientemente fuerte para evitar que el niño pueda responder a su entorno. Se manifiesta como la desobediencia o la obstinación. Los profesores pueden sospechar la inteligencia del niño porque esta desviación se mantiene alejada de las cosas que promueven el crecimiento.
Las barreras más comunes que producen desviaciones son las siguientes: dependencia, posesividad, ansias de poder, complejo de inferioridad, miedo, mentira y enfermedades psicosomáticas.
Las desviaciones se muestran tanto por niños fuertes como por aquellos débiles
En La Mente Absorbente ella habla de desviaciones mostradas por los fuertes, es decir, aquellos que se resisten y superar los obstáculos que encuentran, y las desviaciones mostradas por los débiles, es decir, aquellos que sucumben a las condiciones desfavorables.
El fuerte
Los fuertes son caprichos, con tendencias a la violencia, arrebatos de ira y de insubordinación y agresión. También son desobedientes y “destructivos”, posesivos, e incapaces de concentrarse. Tienen dificultad en la coordinación de sus manos. Por lo general son ruidosos, crueles, codiciosos en la mesa, con mucha frecuencia.
El débil
Los defectos de los débiles son la pasividad, la indolencia, el llanto, tratan de conseguir que los demás hagan las cosas por ellos, pretenden ser entretenidos y se aburre fácilmente. Encuentran el mundo aterrador y se aferran a los adultos. Suelen poder negarse a comer, tener pesadillas, miedo a la oscuridad, y tener enfermedades psicosomáticas.
El papel del adulto
Observación.- Somos conscientes de que en los primeros años habrá muchas expresiones espontáneas de normalidad incluso cuando el ambiente es muy malo o muy grandes los obstáculos. La energía vital vuelve a la superficie una y otra vez. El niño debe luchar continuamente solo porque nadie reconoce y ayuda a su apuesta por la vida. El niño puede llegar a verse envuelto en sus desviaciones.
Dejar a un lado el orgullo y la ira.- El niño necesita ayuda, más que una atención sólo física. Necesita al adulto que conoce la humildad más que orgullo, paciencia en vez de enojo. Sin embargo, los defectos comunes del adulto son el orgullo y la ira. El adulto es fácilmente impaciente cuando está con un niño. No entiende todo lo que la vida necesita para crecer. Él quiere que el niño haga en un clic. No reconoce la bondad, por lo tanto no puede darle confianza al niño.
El educador tiene que deshacerse de su ira. A partir de ese momento, podrá poner las necesidades del niño en primer lugar. Él tiene que:
- conocerse a sí mismo
- educarse a sí mismo en su obra
- dar la ayuda apropiada
Todas estas alteraciones se dan por una sola causa: que sea alimento suficiente para la vida de la mente. (Mente Absorbente en Cleo Press edition).
Dar adecuadamente ayuda al niño tiene dos vertientes:
– Interrumpir el ciclo se desvió cada vez que aparezca, ya que no ayuda al desarrollo.
– Ofrecer actividades interesantes que agoten la energía psíquica de una manera productiva.
Ni la bondad ni la gravedad ayudan. Es el retorno al ciclo de trabajo normal el que crea una auto-sanación.
La aparición de la normalización es explosiva. Por lo tanto, debe ser protegida. Sucede en un instante. En ese momento las desviaciones se han ido, desvanecido. El niño es como es. Esa es la primera tarea de observación del adulto. Aprender a ver, proteger y guiar a esos momentos. NUNCA interrumpirlos mientras que la concentración dura.
Estos eventos son provocados por la normalización de una situación determinada. Se ha encontrado una reacción característica de los niños en todo el mundo. Un retorno a una vida de normalidad comienza con un solo evento. Así como hace mucho tiempo el mecanismo de defensa comenzó con una incidencia y luego pasó a convertirse en una respuesta fija.
En el lapso de 3 a 6 años de edad, no estamos hablando tanto de un cambio de personalidad. A esta tierna edad, la personalidad se encuentra todavía en la etapa suave y formativa. Durante estos años se debe organizar el desarrollo embrionario de muchas partes que se desarrollaron por separado. El nuevo niño es realmente en sí, una verdadera personalidad, si se le permite desarrollarse con normalidad.
Ahora podemos comenzar nuestro trabajo. En estos momentos se hacen más frecuentes y más duraderos los períodos de concentración, el niño puede dejar de usar sus viejas defensas. No es por la razón, ni por amenaza, ni la mendicidad que los realiza. No los necesita más, porque tiene menos quereprimir ahora.
¿Por qué es aparentemente más fácil para algunos niños que para otros? Al parecer, algunos han tenido que reprimir menos. Algunos han aprendido a aceptar límites razonables a su comportamiento. Ellos tienen un cierto control sobre sus impulsos.
Pero en todos los niños, y en nosotros, la fuerza de la vida está ahí para ser encontrada y utilizada de manera productiva.
Entrevista con Maria Montessori
Entrevista con la Doctora Montessori, traducida al español.





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