Corrientes didácticas. ¿En cuál se sitúa Montessori?

“El maestro tiene el papel de moderador, de guía. El profesor debe ser eminentemente un profesional reflexivo y auto-crítico, por lo tanto, en su formación debe considerarse el análisis, la reflexión, la actividad científica y el espíritu crítico. El alumno tiene un papel sumamente activo, él es el primer responsable de su aprendizaje.” Pérez y Morano

material-de-desarrollo-1Al haber elegido un Colegio Montessori AMI para que tus hijos se desarrollen, seguramente influyeron diferentes ideas –probadas, conocidas, intuidas o escuchadas de terceros, que motivaron la elección de esta filosofía educativa. Dentro de las diferentes corrientes didácticas, Montessori destaca por la forma en la que permite que el niño tome decisiones libremente, partiendo del principio de responsabilidad consciente.

En el libro Fundamentación en Didáctica, de Pérez y Morano se explican las diferentes corrientes didácticas y la forma en la que maestros y alumnos interactúan en la diaria convivencia escolar.

La forma en que se conceptualiza el proceso enseñanza-aprendizaje influye directamente en la práctica Esta es una de las razones por las que es importante que se conozcan las diferentes posturas didácticas.
Te invitamos a conocerlas:

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Didáctica tradicional
material-de-desarrollo-3La enseñanza se concibe como transmisión y el aprendizaje como recepción de información. Los objetivos no tienen mayor importancia y, si se plantean, se dirigen hacia metas de la institución o del profesor. Los contenidos se presentan como un listado de temas. Se favorece el enciclopedismo. La actividad de aprendizaje más utilizada es la exposición, la voz del maestro es el principal recurso didáctico. La frase característica es “el maestro explicará”. La evaluación del aprendizaje se concibe como una actividad final de la enseñanza. Es una actividad mecánica que básicamente se reduce a la aplicación de exámenes. Se considera una actividad auxiliar en la administración educativa. El maestro es un personaje estático que se dedica a transmitir información. El alumno es un personaje estático, todavía más que el profesor. El alumno recibe y memoriza información.

 


Tecnología educativa

La enseñanza implica el control de la situación en la que ocurre el aprendizaje, y éste se concibe como el conjunto de cambios y/o modificaciones en la conducta que se operan en el sujeto como resultado de acciones determinadas. Los objetivos son una descripción clara, precisa y unívoca de las conductas
que se espera que el estudiante logre y manifieste después de completar un ciclo de aprendizaje. La sistematización de la enseñanza gira alrededor los objetivos. Los contenidos los determinan los expertos o la institución y no se admiten críticas de parte de los profesores o alumnos. Los contenidos son los mismos para todos los “horizontes educativos” y se espera que sean válidos para todos ellos. El profesor planea minuciosamente las actividades para conseguir los objetivos, es decir, para lograr la conducta deseada. El maestro controla el ambiente y los estímulos y rechaza la improvisación. La evaluación del aprendizaje debe estar íntimamente relacionada con los objetivos de aprendizaje y con la naturaleza de éste. La evaluación se ocupa de verificar el logro de los objetivos. El maestro, más que experto en contenido, es experto en técnicas, un ingeniero conductual que, como tal, controla, dirige, orienta y manipula el aprendizaje. El maestro maneja principios rigurosos de planeación y estructuración de la enseñanza. El alumno acata las instrucciones y la guía del profesor para lograr los objetivos.


Didáctica crítica

La enseñanza y el aprendizaje son un proceso indisoluble; el aprendizaje es un proceso, no un resultado, y es influido por el ambiente y características de cada aprendiz. Los objetivos deben expresar claramente los aprendizajes importantes que se pretenden alcanzar, por lo que el análisis profundo de la práctica docente es imprescindible. Se rechazan los objetivos conductuales porque fragmentan el conocimiento. Los objetivos deben material-de-desarrollo-4favorecer la integración de los contenidos, el establecimiento de relaciones, el tener una visión de conjunto de los objetos de estudio y la comprensión de la complejidad de los problemas que presenta la práctica profesional. Los contenidos deben presentarse lo menos fragmentados posible y se debe ser flexible en su enseñanza así como favorecerse que el aprendizaje implique operaciones superiores del pensamiento que promuevan las relaciones e interacciones entre los contenidos. Tanto profesores como alumnos participan y deben participar en la elaboración del temario. El énfasis de las actividades de aprendizaje está en el proceso y no en el resultado. El profesor debe ser un promotor del aprendizaje y tanto él como el alumno son responsables de una investigación, indagación y reflexión permanente. Las actividades deben permitir que el alumno opere sobre el conocimiento y la transferencia de la información a problemas reales. En la evaluación del aprendizaje, tanto alumnos como profesores son protagonistas. La evaluación debe permitir la reflexión y la identificación de factores que hayan entorpecido o favorecido el proceso enseñanza-aprendizaje. Hay una clara diferencia entre evaluación y acreditación. El maestro tiene el papel de moderador, de guía. El profesor debe ser eminentemente un profesional reflexivo y auto-crítico, por lo tanto, en su formación debe considerarse el análisis, la reflexión, la actividad científica y el espíritu crítico. El alumno tiene un papel sumamente activo, él es el primer responsable de su aprendizaje. Se espera que el alumno participe, investigue, critique, evalúe y aporte.

Legado y tradición: Hanal Pixan

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Como cada año, nuestra tradición de conmemorar a los seres que han marcado el camino por el que vivimos nos lleva a recordar su hacer en este mundo y a tenerlos presentes en nuestros corazones. Los niños preparan todos los elementos que van formando el Altar, van conociendo nuestras tradiciones y así forman sus raíces para continuar el legado que nos han heredado nuestros ancestros.

Compartimos algunas imágenes de nuestro Hanal Pixan, que es el nombre en lengua maya de la comida tradicional que se ofrece a los muertos en la Península de Yucatán, en pueblos y ciudades de origen o con influencia maya, dedicado a María Montessori.

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La belleza de las imágenes transmite el sentimiento con que los niños prepararon el Altar.

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Ann, Helen y María: maestras de vida

montessori-y-kellerHelen Keller, quien se refirió a sí misma como un “producto de Montessori” y su maestra Anne Sullivan le regalaron esta fotografía a la Dra. Montessori en julio de 1913 como agradecimiento y testimonio de los logros y hazañas pedagógicas logradas.

María Montessori se refiere a Hellen Keler y Ann sullivan en el prefacio de su Manual Personal (Nueva York 1914), en el que escribe:

“Si un prefacio es una luz que debe servir para iluminar el contenido de un volumen, elijo, no palabras sino figuras humanas para ilustrar este pequeño libro destinado a entrar en contacto con las familias en las que los niños están creciendo. Por lo tanto, recordar aquí, como un símbolo elocuente, a Helen Keller y a la señora Anne Sullivan Macy, que son, por su ejemplo, maestras, adornos del milagro en la educación viviente.

De hecho Helen Keller es un maravilloso ejemplo del fenómeno común a todos los seres humanos: la posibilidad de la liberación del espíritu del hombre a través de la educación de los sentidos. Aquí radica la base del Método de la educación del que el libro da una idea sucinta.

Si uno solo de los sentidos fue suficiente para hacer de Helen Keller una mujer de cultura excepcional y una escritora, ¿quién mejor que ella puede demostrar la potencialidad de este método de enseñanza que se basa en los sentidos? Si Helen Keller logra a través de regalos naturales una concepción elevada del mundo, ¿quién mejor que ella para demostrar que en el hombre está el espíritu dispuesto a revelarse?

caminar-linea-vintageHelen, acerca a tu corazón a estos pequeños niños, ya que, mejor que todos los demás, te entenderán. Ellos son tus hermanos menores: cuando, con los ojos vendados y en silencio, tocan con sus manos pequeñas, surgen profundas impresiones en sus conciencias, y exclaman con una nueva forma de felicidad: “Yo veo con mis manos.” Ellos solos, entonces, pueden comprender plenamente el drama del misterioso privilegio que tu alma ha conocido. Cuando, en la oscuridad y en silencio, su espíritu queda libre para expandirse, su energía intelectual se redobla, se vuelven capaces de leer y escribir sin haber aprendido, casi como si fuera por intuición, ellos, sólo ellos, pueden comprender, en parte, el éxtasis con el que Dios te obsequió en el luminoso sendero del aprendizaje.”

Durante sus observacdiones durante la Pan-American Exto, Anne Sullivan, comentó, refiriéndose a su método de enseñanza y al de María Montessori: “A esa maravillosa mujer, la Dra. María Montessori, pertenece el honor y la eterna gratitud de la humanidad por haber sistematizado estas ideas de la educación y plasmarlas en su libro,… un libro que es a la vez un emocionante documento humano, un libro de texto científico, una profecía y una antorcha para todos aquellos cuyo trabajo es enseñar a los niños pequeños. La Dra. Montessori aprendió, como yo aprendí, y como todo profesor debe aprender, que sólo mediante la libertad pueden los individuos desarrollar auto control, independencia, fuerza de voluntad e iniciativa. No hay educación si no es auto – educación. No hay disciplina efectiva si no es autodisciplina. Todo lo que los padres y maestros pueden hacer por el niño es rodearlo de condiciones adecuadas. Él hará el resto; y las cosas que haga por sí mismo serán las únicas que realmente cuenten en su educación.”

Celebrando 10 años de Educación por la Paz

Paz … Pretenciosa palabra… Anhelo que invade en la zozobra.

Todos la imploramos y sin embargo, todos la rechazamos y en algún momento de nuestras vidas, no solo la ignoramos sino que humillamos nuestra esencia ante el egoísmo de nuestros caprichos.  ¿Son fuertes estas afirmaciones?  Tal vez… Sin embargo, escucharlas nos hará tener un momento de reflexión para poder poner un alto si es que en algún momento sentimos la ausencia de la sutil presencia de la Paz en nuestras vidas.

La humanidad aclama siempre a quienes de una u otra forma manifiestan el deseo transformándolo en acciones que trascienden.  María Montessori vivió tiempos difíciles y uno de sus más profundos deseos era que los niños pudieran crecer en un ambiente que les permitiera desarrollarse libres de egoísmos, de caprichos, de prepotencias creadas por quienes buscan sobresalir a través del poder.

Desde hace 10 años Otoch Paal abre sus puertas con el firme propósito de procurar espacios que promuevan un ambiente armonioso, en el que la esencia de cada uno de los niños, pueda manifestarse. Al entrar a los ambientes, se percibe la suave caricia del murmullo armonioso con el que los niños manifiestan su constante creatividad. Durante los tiempos de recreo, los niños explotan compartiendo la generosa energía que los impulsa a hacer. Es una auto-construcción constante de seres humanos en ambientes pacíficos.

Las mesas de la paz son, en cada ambiente, rincones que, si bien se visitan con mucha frecuencia, van trazando surcos profundos que marcarán la personalidad de los niños: se crean seres reflexivos, que escuchan las razones del otro, que saben manifestar las propias y que pueden llegar a acuerdos tolerando las diferencias y proponiendo puntos de encuentro.

Celebrar 10 años de Educación por la Paz en Otoch Paal, es celebrar la vida, es compartir la esencia del pensamiento Montessoriano desde la raíz. Abramos nuestros corazones y continuemos en nuestro diario vivir haciendo de la Paz nuestro modo de vida. Que Montessori sea más que el nombre del colegio de los niños, que sea una filosofía de vida que se note en nuestro diario actuar como comunidad.

Vivamos transmitiendo Paz. Vivamos la Paz.

10 years celebrating Peace in Otoch Paal

Pretentious word … peace … Longing …

We all implore it and yet we all deny it, and at some point in our lives, not only ignore it but humble our essence to the selfishness of our whims. Are these words rude?  Maybe. But reading them make us have a moment of reflection to make a pause if we feel the absence of the subtle presence of peace in our lives.

Mankind always acclaims who, in one way or another, expressed the desire of peace, transforming it into actions that transcend. Maria Montessori lived difficult times and one of her deepest desires was that children could grow up in an environment that would allow them to develop their lives free from egoism, whims, or arrogance created by those seeking to excel through the power.

For 10 years Otoch Paal has  opened its doors with the firm intention of seeking spaces that promote a harmonious environment in which the essence of each one of the children can manifest.  When we get in the classrooms, the gentle caress of the harmonious murmur with which children express their creativity is perceived immediately. During times of recreation, children exploit the generous sharing energy that drives them to do. It is a constant self-construction of human beings in peaceful environments.

The “Table of Peace” is, in every classroom, a space high frequently visited by children. The experiences that arise from it are tracing deep furrows that mark the personality of the child making them reflective, good listeners, respectful children, who are able to express their own point of view and who can reach agreements, tolerating the differences and proposing solutions.

Celebrating 10 years of Education for Peace in Otoch Paal, is to celebrate life, it means shearing the essence of Montessori’s thought the roots. Let’s open our hearts and let’s live peaceful moments in our daily lives.  Let Montessori be more than the name of school for children, let’s make it a philosophy of life in our community.

The greatest love: separation and letting go

THE GREATEST LOVE
SEPARATION AND LETTING GO
 MARY ZEMAN

 Beginning a new school year is a complex event for Montessori families.  Taking on a rhythm of daily routines, adjusting to a collection of new concepts, new relationships, schedules and expectations can be a dramatic turn for the entire household. But far and away at the top of the list is what perhaps the most complex challenge of them all, and that is the task of separation.  During “Orientation Week” for new parents, I usually introduce Montessori’s concept of the secret of childhood. It certainly serves as a potential backdrop for the fact that we might as well admit it from the beginning: the child at work in the task of self-construction is a process that requires a certain privacy and conscious distance from the overview of their parents.

In her writings on the secret of childhood, Montessori transforms the popularly held sense of the word secret from something which may be sneaky or covert into a valuable component of human development. In that we have chosen the Montessori approach to education, we understand the importance of the child’s independence and autonomy.

letras de lijaIt is simple as this: a child cannot become autonomous unless we support that “secret” process. That is, that which occurs apart from us. And that requires letting go.

It happens at our school every day. The farewells at the classroom door take form in hundreds of ways. Sometimes there is much grace and ease, and sometimes less. Either way, there is poignancy and drama. I would venture to guess that once we have said goodbye, if given the chance to return unnoticed through the back door and watch our children in the classroom, most of us would jump at the chance. Because we like to see. We love knowing how they’re doing, what they choose, who they know, how they are. And this feeling doesn’t go away.

 

I had my comeuppance at a football game last fall. There in the stands, band new 400 millimeter camera lens in hand, I found myself following agile moves of our high school senior on the field. Through the mighty magnifying device I barely missed a move.

And then it came to me: echoes of the same speeches I give to parent all through orientation week at school. They will eave you. They must. And I started to laugh. For a simple as is the urge to take one more peek at the classroom door, observing our children as they grow becomes increasingly complex. The metaphor is perfect: What do you do as they grow further away? You get a bigger lens.

Or maybe not! And therein lies the art of parenting. To know when to pick up the lens and when to let the moment pass. When to ask direct, coddle or intervene and when to remain silent, or simply to make way. To allow our children that grace of their best and most authentic development, we must allow them room to grow; apart from us.

Recently I heard a most disturbing story of adolescent gang violence on the radio.

“What could they have been thinking?” asked one adult in response. Or were they thinking? Our news is filled with the perils of our times: adolescents facing increasing exposure to violence and a sea of worldly temptations with short-lived rewards. We pray for wisdom to guide them and are well-aware of our limitations.

It comes down to this: it’s up to them. Just as in a Montessori environment, ultimate safety and responsibility is achieved not by offering non breakable dishware and dulled utensils for the preparation of food. Children are safer and more competent when they learn the truth about carrying a pitcher with care because it can be a thing of danger. How very receptive our children are rising to the occasion. And how very important is the role of the adult. It is a fine-tuned dance, Montessori’s call to “follow the child”. As our children respond to their own inner directives, we respond to our children by keeping our promise to meet them on the high road. “Indefatigably”, as E.M. standing says, irresistibly joyfully, the child is working to create the adult.”

A story is told about a young child and her dad. In later stages of toilet training, the father had very simply ritualized a gesture of privacy in the bathroom. After the child settled into the task, the father would leave the room for a minute or two and wait outside the door. Once, after gently closing the door, he unwittingly flipped down the light switch in the hallway, leaving the bathroom in complete darkness. Waiting outside, he realized what he had done when he heard the gentle voice of this child from the inside: “Where did I go?” she said.

Not “Hey! Who turned out the lights?” but in the child’s inimitable honesty, she looked first to herself, to see if she was still there.

We might shift the story only slightly, imagine it as symbolic, and remember the call to core Montessori theory. Dr. Montessori teaches us that the greatest task in the first six years of life is the construction of the self; self-construction. Not you, as I need you to be, but you at your best. This is why the lessons, presentations, and work in the early Montessori school years are geared to individual children, one-to-one. Montessori teaches us to honor the sacred task of each single child’s developing character and self-awareness.

One afternoon, two of the elementary students invited me to come quickly to the classroom to witness a discovery they had made. Their enthusiastic reverie began before we crossed the threshold of the classroom door: “First we were working with the cubing material, and we noticed how the cube of the three reminded us of the pink tower we used to use in primary. We decided to go borrow a pink tower from one of the primary classes and bring it back here. We stacked the pink tower next to the cubing material and found it was identical… all except for the ten cubes which raised it too high. We removed the ten cubes and then realized that they are identical without it. Then we realized that it’s because you can’t cube double digits. So of course that’s why the ten cube didn’t fit!”

This story is an everyday example of Montessori education at work. The symbolic process and the practical process are interdependent aspects of education for life. Having a concept in your head is one thing. To imagine it, then enact it, test and declare it, allows even greater authority once something is learned. What is learned this way becomes personal property in a most personal way. The Montessori environment exists for no higher purpose than such discovery. As these students made their discovery, they came full circle. Reaching the end of their Montessori material, they found themselves returning to the beginning to validate the whole of their finding.
Our days are not lived in isolation. Not only in education, but in relationship, in family and in the lives we intend to share together. As long as we are true to the goals of our highest purpose, we will continually discover how one piece fits with another, and how the beginning and then end have everything to do with each other.

Recently when we sent our son back to college by train, I had the idea of putting a penny on the track. After those reluctant farewells and that last sweet hug, we waved until he was out of sight. Once the train had passed, the penny had flown off the track and laid there in the darkness only a few feet away. It had flattened into a shining paper-thin slip of copper. As I rubbed my thumb over the surface, I discovered only one remnant of its original penny-state. Most of the word Liberty still remained intact across  one edge of the coin.

Sometimes the messages we receive are subtle. Sometimes they are inescapable. And this one I needed to hear again: Saying good-by is saying good-bye, and that means letting go and meaning it. Physical and psychic Liberty.

Montessori calls us to this most difficult task as parents when she mandates us to “Follow the Child”. Follow does not mean to hover over, but rather something much more difficult to realize. When we truly honor our children’s growth, we also honor the incremental stages of releasing them as separate and honorable –and eventually, wholly apart from us. It’s a lifetime process, and it begins with the mystery of life itself. Just as the in uterus process occurs where we cannot wee it, the psychic growth of human life occasionally has its comparable autonomy. When we refrain from inquiring after our child’s every thought, and give them space to find their way, check-in with themselves, a chance to report the news of the day without having known it first ourselves, we take the early steps. As our urges would have us ask and ask, our slip back around the corner to peek into the classroom and try to catch them unaware, we are reminded, as I was when I nearly tried to lick up his tracks, that liberty truly gained does not have strings. To follow the child includes their incremental release and the courage to allow our children to try this world out, inch by inch, apart from us.

El amor más grande: acompañar en el proceso de adaptación

EL AMOR MÁS GRANDE
SEPARARSE Y DEJAR IR

 

ML SHANNON HELFRICH
DE LA COLECCIÓN “PATERNIDAD DEL NUEVO MUNDO”

verter aguaComenzar un nuevo año escolar es siempre un evento complejo para las familias Montessori. Enfrentarse al  ritmo de las rutinas diarias, para adaptarse a una serie de nuevos conceptos, nuevas relaciones, los horarios y las expectativas, puede ser un giro dramático para toda la familia. Seguramente para la mayoría de las familias está, a la cabeza de la lista la separación de los hijos. Durante la “Semana de Orientación” para los nuevos padres, por lo general presento el concepto del secreto de la infancia de Montessori. Sin duda, podríamos comenzar por admitir este principio: el trabajo del niño es la tarea de auto-construcción; es un proceso que requiere una cierta intimidad y distancia de la que deben estar conscientes sus padres.

En sus escritos sobre el secreto de la infancia, Montessori transforma el sentido de la tan celebrada palabra “secreto”, algo que puede ser disimulado o encubierto y que se manifiesta como un valioso componente del desarrollo humano. Quienes hemos elegido el enfoque Montessori a la educación, entendemos la importancia de la independencia y la autonomía del niño.

Es simple: un niño no puede ser autónomo si no es apoyado por ese proceso “secreto”. Es decir, lo que ocurre fuera de nosotros. Y eso requiere dejarlo ir.

Sucede en nuestra escuela todos los días. La despedida en la puerta se da en cientos de formas. A veces hay tanta gracia y facilidad, y a veces menos. De cualquier manera, no debería haber drama. Me atrevería a decir que una vez que hemos dicho adiós, debemos volvernos y continuar nuestro camino. Pero, porque nos gusta ver, nos encanta saber lo que están haciendo, lo que eligen, lo que saben, cómo están, este sentimiento no desaparece y volteamos y permanecemos en la puerta.

Viví una experiencia similar en un partido de fútbol el pasado otoño. Allí, en las gradas, el nuevo lente de mi cámara de 400 milímetros me daba la oportunidad de seguir los movimientos ágiles del equipo de alto rendimiento de nuestra escuela secundaria en el campo. A través del dispositivo de poderoso aumento apenas perdí un movimiento.

Y entonces vinieron a mi mente ecos de los discursos que doy a los padres a lo largo de la semana de orientación en la escuela. “Ellos los van a abandonar. Deben hacerlo”. Y me eché a reír. Es una simple pero fuerte necesidad la que sentimos de dar un vistazo más a través de la puerta, desear entrar al aula, observar a nuestros hijos a medida que crecen y todo esto se vuelve cada vez más complejo. La metáfora es perfecta: ¿Qué haces cada vez que notas que mientras más crecen, más lejos se van? Fácil, ¡te consigues un lente más grande y más potente!

¡O tal vez no! Y ahí está el arte de la crianza de los hijos. Para saber cuándo hay que cerrar el lente y dejar pasar el momento. Cuándo pedir directamente, cuándo mimar o intervenir y cuándo guardar silencio, o simplemente dar un paso atrás y desaparecer. Para darles a nuestros hijos la gracia de realizar un mejor y más auténtico desarrollo, debemos permitirles el espacio para crecer y ese debe ser lejos de nosotros.

Hace poco escuché en la radio una historia muy inquietante sobre la violencia de pandillas adolescentes. “¿Qué podrían haber estado pensando?”, preguntó un adulto, como respuesta obtuvo: “O, ¿acaso estaban pensando?” Nuestras noticias están llenas de los peligros de nuestro tiempo: los adolescentes frente a la creciente exposición a la violencia y un mar de tentaciones mundanas con recompensas de corta duración. Oramos por sabiduría para guiarlos y al mismo tiempo estamos bien conscientes de nuestras limitaciones.

Todo se reduce a esto: depende de ellos. Al igual que en un ambiente Montessori no se consigue la máxima seguridad y responsabilidad cuando se les da a los pequeños una vajilla irrompible o utensilios de juguete para la preparación de alimentos. Los niños crecen más seguros y se vuelven más competentes cuando se les dice que llevan un cántaro con agua y se puede romper, que deben ir con cuidado, ya que puede ser una cosa de peligro. Los niños son muy receptivos y en cada ocasión están creciendo y aprendiendo. Debemos estar conscientes de la importancia del papel del adulto, debemos entender que el llamado de Montessori de “seguir al niño” es una danza afinada. A medida que nuestros niños responden a sus propias directrices internas, debemos ser responsables y responderles manteniendo nuestra promesa de reunirnos con ellos en el camino. Como E. M. Standing dice, “Incansablemente, con irresistible alegría, el niño está trabajando para crear al adulto”.

Se cuenta una historia acerca de un niño pequeño y su padre. Mientras el pequeño estaba en la etapa de aprender a ir al baño solo, el padre había creado un simple ritual, un gesto que le permitía un tiempo de intimidad en el baño. Después de que el niño se acomodaba en la taza, el padre salía de la habitación por un minuto o dos, y esperar detrás de la puerta. Una vez, después de cerrar suavemente la puerta, sin querer, volteó hacia abajo el interruptor de la luz en el pasillo, dejando el cuarto en completa oscuridad. Esperando fuera, se dio cuenta de lo que había hecho cuando oyó la voz suave de este niño desde el interior: “¿A dónde fui?”, dijo.

Notemos que no dijo: “¡Hey! ¿Quién apagó las luces?”, Sino en la honestidad inimitable del niño, miró primero a sí mismo, para ver si aún seguía en el mismo lugar.

Tomemos esta historia como símbolo para recordar la teoría Montessori. La Dra. Montessori nos enseña que la tarea más grande en los primeros seis años de vida es la construcción del yo, la auto-construcción. No tú, como yo necesito que seas, sino tú como tu mejor tú. Esta es la razón por las cual las lecciones, presentaciones y trabajo de los primeros años de la escuela Montessori están dirigidas a los niños individualmente, uno a uno. Montessori nos enseña a honrar la sagrada tarea de desarrollar el carácter de cada uno de los niños y la conciencia de sí mismo. Una tarde, dos de los estudiantes de primaria me invitaron a ir rápidamente a la sala de clase para presenciar un descubrimiento que habían hecho. Su ensoñación y entusiasmo comenzaron antes de cruzar el umbral de la puerta de la clase, entonces dijeron: “Primero estuvimos trabajando con el material de medición de volumen, y nos dimos cuenta de que el cubo de tres nos recordó al cubo de la torre rosa que solía utilizar en la enseñanza primaria. Decidimos ir a pedir prestada una torre  rosa a Casa de Niños y traerla de vuelta aquí. Apilamos la torre rosa al lado del material de medición de volumen y nos pareció que era idéntico… todos, excepto el décimo, el último, el que se pone hasta arriba. Quitamos ese décimo cubo y entonces nos dimos cuenta de que son idénticos sin él. Entonces nos dimos cuenta de que es porque no se puede elevar al cube con dos dígitos. Así que, por supuesto, es por eso que el cubo diez no encajaba”.

Esta historia es un ejemplo cotidiano de la educación que da el trabajo Montessori. El proceso simbólico y el proceso práctico son aspectos interdependientes de la educación para la vida. Tener un concepto en la cabeza es una cosa. Imaginarlo y a continuación ponerlo en práctica, da un empoderamiento aún mayor de lo que se ha aprendido y permite incluso una mayor autoridad. Lo que se aprende de esta manera se convierte en propiedad personal de una manera única. Es por esto en ambiente Montessori no hay ningún propósito más alto que ese descubrimiento. A medida que estos estudiantes hicieron su descubrimiento, llegaron al punto de partida. Al llegar al final de su material Montessori, se encontraron con que debían volver al inicio para validar el conjunto de su hallazgo.

Nuestros días no se viven de forma aislada. No sólo en la educación, sino en la relación con los demás, en la familia y en la vida que compartimos con nuestros compañeros y amigos. Siempre y cuando seamos fieles a los objetivos de nuestro más alto propósito, vamos a descubrir continuamente que una pieza encaja con otra, y que el principio y el final tienen siempre una relación.

Recientemente, cuando enviamos a nuestro hijo a la universidad en tren, tuve la idea de poner un centavo sobre la vía. Después de esas despedidas largas  y del último abrazo dulce, continuamos despidiéndonos con la mano hasta que nos perdimos de vista. Cuando partió el tren pasando sobre la moneda, voló fuera de la vía, cayendo en la oscuridad, a pocos metros de distancia. El tren la había aplastado y convertido en una brillante hoja de papel fino de cobre. Mientras frotaba el pulgar sobre la superficie, descubrí un solo vestigio de su estado original de moneda. La mayor parte de la palabra libertad todavía permanecía intacta a través de uno de sus bordes.

A veces los mensajes que recibimos son sutiles. A veces son ineludibles. Este era un mensaje que yo necesitaba oír de nuevo: Decir adiós. Estoy diciendo adiós, estoy dejando ir y eso significa que estoy dando libertad física y psíquica.

Montessori nos llama a la tarea más difícil cuando como padres nos ordena “seguir al niño”. Seguir no significa estar sobre de él, sino algo mucho más difícil de realizar. Cuando verdaderamente honramos el crecimiento de nuestros hijos, también honramos a las etapas crecientes de liberarlos como seres independientes y honorables, y finalmente, totalmente apartados de nosotros. Es un proceso de toda la vida que comienza con el misterio de la vida misma. Al igual que ocurre en el proceso del útero en donde no podemos verlo, el crecimiento psíquico de la vida humana en ocasiones tiene su autonomía comparable. Cuando nos abstenemos de preguntar a nuestro hijo cada pensamiento que les pasa por la mente y les damos espacio para encontrar su camino; que sean ellos mismos quienes se autoevalúen. Que tengan la oportunidad de informarnos sobre las noticias del día sin que nosotros se las preguntemos, sin que demos el primer paso. En nuestra urgencia de saber, queremos preguntar y preguntar, o darnos vuelta a la esquina y espiamos la clase y tratamos de atraparlos desprevenidos. La libertad ganada realmente no tiene cuerdas. Seguir al niño significa dejarlo ir poco a poco y tener el valor de permitirle probar su mundo, centímetro a centímetro… lejos de nosotros.

Décima Generación. ¡Gracias!

dones diez años 2Hace diez años comenzamos un proyecto por el que, desde su inicio, hemos luchado por mantenerlo en pie.  En estos años, muchos factores han estado en nuestra contra, comenzando por las mismas autoridades educativas que nunca han visto en Otoch Paal un aliado para promover la enseñanza de los niños de la Zona Maya.

Sabemos que un pueblo que recibe educación, es un pueblo que sabe defender sus derechos. Un niño que recibe el Don de la lectura y el conocimiento de los números, es un niño que logrará abrirse puertas y caminar con pasos firmes en busca de un futuro mejor.

dones diez años 4Ese es nuestro objetivo: sembrar en los niños la semilla del deseo de superación, la semilla del deseo del conocimiento, la semilla del deseo de un futuro próspero no sólo para ellos, sino también para todos los que les rodena. Un futuro en el que puedan prosperar y en el que sean valorados y respetados.

Otoch Paal significa Casa de los Niños. La Casa de los Niños que un día María Montessori pensó para aquellos pequeños de una colonia falta de recursos en Roma y en donde forjó a hombres que fueron exitosos.  Así, los niños que terminan su ciclo en Otoch Paal, llevan la semilla de la prosperidad, tienen las herramientas para forjar un camino de bien en el que puedan llegar a ser felices.

dones diez años 3Gracias, comunidad de Akumal, por apoyar este proyecto y hacer que estos diez años hayan sido de logros y satisfacciones para varias familias, tanto de la comunidad como de otros lugares cercanos.

 

 

 

 

Montessori Children

Montessori observed the phenomena of “normalization,” that condition during which children showed their true nature, peacefulness, calm, and an industriousness that has come to be surprising in young children. We seek normalization in our classrooms. We discuss children as not yet normalized. We admire the normalized child who was such a handful before.

diseño en papelBy focusing, though, on the goal of the normalized child, we distance ourselves from the children at hand. Each child in our classrooms comes to us perfect, and it is our obligation to treat the child with the same love and reverence when his or her behavior is challenging as we do this idealized normalized child. Consider the normalized child who suddenly suffers a child more grace, because we have seen this child as normalized, than we do the child who has yet to overcome the simpler, hidden stressed of children’s lives. We are more forgiving. We are more compassionate. We have loved the normalized child entirely, and because we have loved her, we hurt with her and for her.

Each child deserves that same forgiveness, that same compassion; for the work each child accomplishes on the path to adulthood is exactly the work that child is to do. Montessori warned us that we could not do the work of becoming on the child’s behalf. We see children who, it seems, have everything, and it is difficult not to hold their life’s status against them when their behavior challenges us. We become angry with their parents for spoiling them or for not doing just as we have directed. We are frustrated that they don’t respond as quickly, that they are not served by the materials we have chosen for them. And in our judgment, we separate ourselves even further. It is only through empathy that we can understand the child’s life. It is only through compassion that we can serve her. We must look at the child who is standing in front of us (or lying on the ground screaming in front of us!) and see the child who is yet to come. We revere the child for her potential. We respect her for her promise. While continue to do this work, and gives foundation to our accomplishment as teachers, sometimes the most important work we do is for the child we never see change.

If we have neither sufficient experience nor love to enable us to distinguish the fine and delicate expressions of the child’s life, if we do not know how to respect them, then we perceive them only when they are manifested violently.  Maria Montessori

 

The pic shows a work  done by a 5 years old child during his English lesson.

Niños Montessori

Montessori observó el fenómeno de la “normalización”, esa condición en la que los niños muestran su verdadera naturaleza, la tranquilidad,  la calma, una laboriosidad que ha llegado a ser sorprendente en los niños pequeños. Buscamos la normalización en nuestras aulas. Discutimos sobre los niños aún no normalizados y admiramos al niño normalizado, quien era tal inmanejable antes.

diseño en papelAl centrarnos en la meta del niño normalizado, nos distanciamos de los niños que tenemos a la mano. Cada niño llega a nuestras aulas perfecto, y es nuestra obligación tratar a todos los niños con el mismo amor y reverencia, cuando su comportamiento es un reto, entonces lo idealizamos. Considere al niño normalizado que de repente sufre alguna desgracia, como puede ser un familiar enfermo, el divorcio de los padres, etc.  ¿Acaso le daremos más atención o nos parecerá especial porque lo hemos visto ya normalizado? ¿Será diferente de aquel niño que no ha alcanzado la normalización?  ¿Seremos más tolerantes, más compasivos? Nos ha encantado el niño normalizado y es por eso que lo amamos y compartimos su dolor.

Cada niño merece ese mismo perdón, esa misma compasión; porque el trabajo del niño es precisamente recorrer el camino para convertirse en adulto, esa exactamente es su 0bra. Montessori nos advirtió que no podíamos hacer el trabajo de convertirlo en hombre. Vemos niños que, al parecer, tienen de todo y es difícil no anteponer ese estatus de vida ante nosotros cuando su comportamiento nos desafía. Nos enojamos con sus padres por mal educarlos y no hacer las cosas como hemos indicado. Nos sentimos frustrados de que ellos no respondan tan rápidamente como deseamos, o por que los materiales que hemos elegido para los niños no les sirvan.  Debido a nuestro juicio nos separamos aún más del niño. Es sólo a través de la empatía que podremos entender la vida del niño. Sólo podremos servirle a través de la compasión. ¿Debemos mirar al niño que está de pie en frente de nosotros (o ¡tirado en el suelo gritando delante de nosotros!) o ver al niño en el que se convertirá? Nosotros veneramos al niño por su potencial. Nosotros lo respetamos por la promesa en la que se convertirá. Ser testigos de la normalización del niño, nos sirve, nos motiva para continuar este trabajo y nos da fundamentos en nuestro acompañarlo como maestros; a veces, no nos toca ver los cambios que se lograr debido al trabajo que hacemos con el niño.

Si no tenemos suficiente experiencia ni suficiente amor que nos permitan distinguir las finas y delicadas expresiones de la vida del niño, si no conocemos la forma de respetarlo, entonces no seremos capaces de percibir otra cosa que sus manifestaciones violentas.  María Montessori

La fotografía muestra un diseño realizado por uno de los pequeños de cinco años en la clase de Arte/Inglés.